El pensamiento conservador
-para no decir llanamente, de derechas- considera a la cultura un gasto y la
utiliza en momentos de crisis como variable de ajuste. Es decir, la cultura
termina siendo solo para quienes pueden pagarla. Pero además, se encuentra
virtualmente congelada en tanto una imagen ya instalada desde el pasado. Los
gobiernos militares desplazaron de su concepción de la cultura a todo aquello
que ofreciera una visión diferente y que abriera perspectivas a nuevas
corrientes de pensamiento. Sin afán de ser determinista, un par de películas
ofrecen ejemplos de la concepción de cultura tolerada por el gobierno
dictatorial. En “Los fierecillos indomables” (Enrique Carreras, 1982) se
observa un examen en una escuela en el que las preguntas sobre cultura giran
únicamente alrededor de la literatura española del Siglo de Oro y de Miguel de
Cervantes. En “La canción de Buenos Aires” (Fernando Siro, 1980), la alusión es
todavía más extraña. Uno de los Juan González del relato parece basar su vida
en la lectura de libros. Lo sugestivo es que el único libro que se muestra es
“Platero y yo”, de Juan Ramón Jimenez, que para la época, era uno de los libros
de lectura obligatoria en las escuelas primarias. Mejor aún, el personaje
establece una distancia insalvable entre la lectura y el entorno: “Leo y
después me topo con la realidad”. Cultura definida como algo ajeno y no
contemporáneo. Lectura como pasatiempo finalmente inútil: no entrega
herramientas para enfrentar la realidad. Como si un buen libro, que despliegue
la imaginación del lector, no fuera capaz de ayudar a comprender la realidad. O
quizás justamente por eso.
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miércoles, 29 de abril de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
BIBLIOGRAFÍA ADICIONAL VI
Nota de Jorge Miguel Couselo sobre el estado del cine argentino en la revista Cine Boletin. Julio de 1982.
Gentileza de Marcelo Blanco.
viernes, 24 de abril de 2015
ALGUNAS FRASES OÍDAS EN EL CINE DE LA ÉPOCA V
”¿Para qué malgastar
munición si un tiro es suficiente?” (Cambón, refiriéndose a la caza) (La
invitación-Manuel Antín,1982)
”Al pasar por Buenos
Aires, ¿no viste más Itakas que otra cosa?” (Gustavo, a Sánchez) (La invitación-Manuel
Antín,1982)
BIBLIOGRAFÍA ADICIONAL V
Crítica de "Señora de nadie" de María Luisa Bemberg, en la revista Cinecuadernos del Sur. Octubre de 1982. Gentileza de Marcelo Blanco.
viernes, 17 de abril de 2015
BONUS TRACK II (cajón de sastre)
La clase media y sus concepciones sobre la vida no han cambiado tanto desde la década del 70 hasta aquí. Eso es lo que parece demostrar una película como “La magia de Los Parchís”(Adrián Quiroga, 1982) en toda su (supuesta) inocencia. En la trama, hay un mago que vive en un teatro junto con su pequeña nieta, a la que no le permite salir del lugar. Entre otros argumentos, se incluye una supuesta imposibilidad de enviar a la niña en cuestión a la escuela porque no cuenta con el dinero para pagarla. Posiblemente, de tanto estar encerrado, el señor mago no se haya enterado que la educación pública es gratuita, e incluso lo era en esa época. Evidentemente, lo que subyace allí es una concepción de que la única educación posible es la privada -no se sabe por qué motivos, ya que ni siquiera se alegan razones religiosas, por ejemplo- que implica ya no solamente una negación de la escuela pública, sino la idea aceptada por las clases medias de igualar la educación privada con acceso a un mayor nivel de conocimiento. Nada muy diferente de lo que buena parte de esa misma clase social piensa en la actualidad. Si se tratara de una película comercial de capitales netamente privados, hasta sería entendible. Pero que además cuente con apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía, suena bastante contradictorio, si no se lo quiere tildar de perverso.
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