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lunes, 8 de junio de 2015

INGENUIDAD O ALEVOSÍA: CÓMO SE BANALIZAN LOS NN



                  Visto desde un lugar ingenuo, podría pensarse que no hay nada demasiado extraño en una película como “Los chicos crecen”(Enrique Carreras, 1976) en la que se trata de un hombre que se rehúsa a reconocer a los hijos que tuvo con su amante, a quienes les ha puesto otro apellido para cuidar su reputación social. Pero allí pueden intuirse ciertos elementos que ligan la práctica de los militares con los actos de Zapiola: si bien aquí no hay una apropiación –los hijos son el fruto de la relación de Zapiola con Cristina de acuerdo a lo que ambos manifiestan-, lo que sí existe es una supresión de la identidad real, prueba de que con los niños se puede hacer lo que se desee, incluso cambiar su filiación. Cazenave, el amigo de Zapiola, instancia moral del relato, sin embargo, complica definitivamente las cosas al preguntarle irónicamente a su amigo: “¿Y cómo les pusiste?¿NN?”. Un dato adicional a tener en cuenta: en el relato que la madre y Zapiola hacen a los niños, el padre es un convicto al que se le conceden solo salidas esporádicas. La familia se construye, entonces, a partir de una sucesión de premisas falsas: los chicos crecen, efectivamente, con la imagen de un padre que no lo es, que reemplaza a un padre real que nunca conocerán –en tanto Zapiola toma la decisión de seguir con su esposa y no con su amante-, y con una identidad, o al menos una parte de ella, fraguada.

El peligro está en los vivos, pp.40.

viernes, 22 de mayo de 2015

ALGUNAS FRASES OÍDAS EN EL CINE DE LA ÉPOCA IX



”Para alcanzar nuestros propósitos, estamos dispuestos a utilizar los métodos más violentos, a entregar nuestras propias vidas; todo será poco para el triunfo de nuestra causa” (Uno de los miembros del grupo de extranjeros) (Los extraterrestres-Enrique Carreras,1983)

miércoles, 29 de abril de 2015

BONUS TRACK VI (Cajón de sastre)



El pensamiento conservador -para no decir llanamente, de derechas- considera a la cultura un gasto y la utiliza en momentos de crisis como variable de ajuste. Es decir, la cultura termina siendo solo para quienes pueden pagarla. Pero además, se encuentra virtualmente congelada en tanto una imagen ya instalada desde el pasado. Los gobiernos militares desplazaron de su concepción de la cultura a todo aquello que ofreciera una visión diferente y que abriera perspectivas a nuevas corrientes de pensamiento. Sin afán de ser determinista, un par de películas ofrecen ejemplos de la concepción de cultura tolerada por el gobierno dictatorial. En “Los fierecillos indomables” (Enrique Carreras, 1982) se observa un examen en una escuela en el que las preguntas sobre cultura giran únicamente alrededor de la literatura española del Siglo de Oro y de Miguel de Cervantes. En “La canción de Buenos Aires” (Fernando Siro, 1980), la alusión es todavía más extraña. Uno de los Juan González del relato parece basar su vida en la lectura de libros. Lo sugestivo es que el único libro que se muestra es “Platero y yo”, de Juan Ramón Jimenez, que para la época, era uno de los libros de lectura obligatoria en las escuelas primarias. Mejor aún, el personaje establece una distancia insalvable entre la lectura y el entorno: “Leo y después me topo con la realidad”. Cultura definida como algo ajeno y no contemporáneo. Lectura como pasatiempo finalmente inútil: no entrega herramientas para enfrentar la realidad. Como si un buen libro, que despliegue la imaginación del lector, no fuera capaz de ayudar a comprender la realidad. O quizás justamente por eso.

miércoles, 15 de abril de 2015

BONUS TRACK I (Cajón de sastre)


A diferencia de lo que suele creerse, el deporte preferido por las dictaduras argentinas no era el fútbol, sino la proscripción del peronismo. Si la sola mención  del líder o de cualquier elemento ligado al movimiento o a cualquiera de sus símbolos equivalían a un delito, tanto en la autoproclamada Revolución Libertadora como en la dictadura iniciada por Juan Carlos Onganía, durante el Proceso de Reorganización Nacional sucedió algo similar. Aunque por cierto, con otros niveles de represión. Incluso a pesar de que Juan Domingo Perón, líder del movimiento, había muerto casi dos años antes del golpe de 1976, los militares avanzaron sobre ello, quizás con el temor bastante infundado de que pudiera ser resucitado -¿podría especularse que la salida de José López Rega del país pudo haber tenido relación con eso, teniendo en cuenta su afición al espiritismo?-. Sin embargo, algo se les escapó, y quizás en la película menos pensada. En “Las locas”(Enrique Carreras,1977), una de las internadas, interpretada por Olinda Bozán canta en un momento:

Delon, Delon
qué lindo sos


Obviamente, con la música de la marcha peronista. Quizás hayan pensado que bastaba con entender que quien usaba la marchita era una loca internada en un siquiátrico. Quizás, y esto es lo más perturbador, hayan creído que los espectadores no se darían cuenta. Quién sabe, quizás para muchos haya pasado desapercibida.