Secuencia fotográfica del secuestro en la película "Los Parchis contra el inventor invisible" (Adriàn Quiroga, 1981)
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sábado, 30 de mayo de 2015
martes, 5 de mayo de 2015
BONUS TRACK VII (Cajón de sastre)
Inversión de roles. El victimario se
concede a sí mismo el lugar de víctima. Basados en el concepto de que la
seguridad es lo primordial -que, como se ve parece una preocupación que
trasciende las épocas-, se invierte no solo lo que ocurría en la realidad, sino
dentro de las mismas películas. El siguiente diálogo se desarrolla en
“Superagentes y titanes”(Adrián Quiroga, 1983):
(Jefe de Acuario)-Vamos a hacer una
experiencia: durante un mes no vamos a usar armas.
(Mojarrita)-¿Qué?¿Nuestras vidas no
valen nada?
(Jefe de Acuario)-No, no valen nada.
Aclaración necesaria: ese diálogo
corresponde a miembros de un grupo parapolicial que supuestamente se enfrentaba
con las fuerzas del mal y que no vacilaba en matar a sus “enemigos”. Además,
como si les hubieran importado las vidas de aquellos a los que mataron y que en
ese momento para ellos no valieron nada. Un detalle adicional: la decisión de
no usar armas se debe a la visita que va a efectuar a la organización, la
doctora Hoffman. Y la actitud de ocultar el uso continuo de las armas para un
informe favorable, recuerda lo ocurrido con la visita de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos en el año 1979, cuando buena parte de los detenidos
desaparecidos de centros clandestinos ubicados en la ciudad de Buenos Aires,
fueron trasladados por un tiempo a una isla del Delta del Tigre.
viernes, 24 de abril de 2015
BONUS TRACK IV (Cajón de sastre)
¿Casualidad o cinismo?
viernes, 17 de abril de 2015
BONUS TRACK II (cajón de sastre)
La clase media y sus concepciones sobre la vida no han cambiado tanto desde la década del 70 hasta aquí. Eso es lo que parece demostrar una película como “La magia de Los Parchís”(Adrián Quiroga, 1982) en toda su (supuesta) inocencia. En la trama, hay un mago que vive en un teatro junto con su pequeña nieta, a la que no le permite salir del lugar. Entre otros argumentos, se incluye una supuesta imposibilidad de enviar a la niña en cuestión a la escuela porque no cuenta con el dinero para pagarla. Posiblemente, de tanto estar encerrado, el señor mago no se haya enterado que la educación pública es gratuita, e incluso lo era en esa época. Evidentemente, lo que subyace allí es una concepción de que la única educación posible es la privada -no se sabe por qué motivos, ya que ni siquiera se alegan razones religiosas, por ejemplo- que implica ya no solamente una negación de la escuela pública, sino la idea aceptada por las clases medias de igualar la educación privada con acceso a un mayor nivel de conocimiento. Nada muy diferente de lo que buena parte de esa misma clase social piensa en la actualidad. Si se tratara de una película comercial de capitales netamente privados, hasta sería entendible. Pero que además cuente con apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía, suena bastante contradictorio, si no se lo quiere tildar de perverso.
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